La propuesta aborda la relación enunciativa entre el imperfecto y el futuro que permite explicar su funcionamiento no como formas aisladas dentro del sistema verbal, sino como operadores interdependientes cuya interacción responde a un principio de estructuración discursiva. Se plantea que la diferencia entre estas dos formas no se establece simplemente en términos de proyección, sino en su comportamiento dentro del continuum de fase I y fase II, donde el imperfecto opera como una fase II dentro de una fase I, mientras que el futuro se configura como una fase I que se aproxima por su virtualidad a una fase II. La clave de esta relación radica en el hecho de que el imperfecto tematiza, introduciendo una información en relación con el enunciado previo, mientras que el futuro proyecta una aserción enunciativa sin cerrar su integración en el discurso, estableciendo así una conexión estructural con el subjuntivo. Desde esta perspectiva, la relación entre estas formas no es circunstancial, sino que responde a una continuidad enunciativa que sigue operando en el sistema del español y que puede rastrearse en su configuración en latín, donde ambas formas derivaban de estructuras que ya marcaban la relación del enunciador con la información enunciada. En latín, el imperfecto y el futuro de la primera y segunda conjugación compartían el sufijo -B- (amabam/amabo), lo que indica que ambas formas no surgieron de manera independiente, sino que respondían a un mismo principio enunciativo, basado en la presentación de una información no cerrada. Esta relación estructural demuestra que el imperfecto era una forma que ya en latín reflejaba un mecanismo de tematización y construcción discursiva. Su funcionamiento en español confirma este rasgo, ya que se comporta como un dato en relación, es decir, una información que se vincula con algo anterior (fase II) y que, al ser retomada en la enunciación, es presentada como nueva (fase I). Por otro lado, en la tercera y cuarta conjugación, el futuro se expresaba mediante una flexión subjuntiva (audiam, capiam), lo que confirma su vínculo con una estructura que no introducía un hecho cerrado, sino una información abierta y relacional, alineada con los valores que mantiene en español. Esto explica que, si bien el futuro es un operador de fase I, al ser virtual adopta características que lo acercan a los operadores de fase II como el subjuntivo, generando una estructura enunciativa que no depende únicamente de la proyección de un hecho, sino de su integración dentro de un marco de interdependencia discursiva. Sin embargo, a diferencia del imperfecto, el futuro se comporta como un dato autónomo, ya que no depende de un algo previo, sino que introduce la información como nueva, sin necesidad de vincularla con un elemento anterior. La evolución hacia las lenguas romances transformó el sistema, incorporando formas perifrásticas para el futuro y el condicional, pero en español se conserva la doble función del imperfecto como operador de tematización y del futuro como proyección no cerrada. Además, a diferencia de las lenguas germánicas, que desarrollaron estrategias modales con auxiliares para el futuro y para el condicional, las lenguas romances conservaron una estructura morfológica en la que la intencionalidad del enunciador quedó marcada dentro de la propia conjugación verbal. Este rasgo es esencial para comprender por qué en español el imperfecto se encuentra entre la fase I y la fase II y por qué el futuro de fase I mantiene una relación con el subjuntivo que es de fase II, ya que ambas formas responden a un mismo principio de organización enunciativa. La permanencia del imperfecto en español no es solo una cuestión morfológica, sino la manifestación de una memoria enunciativa que sigue activa en la organización del discurso, asegurando que la lengua española mantenga un sistema en el que la intencionalidad del enunciador sigue siendo un factor estructurante de la enunciación. La ubicación entre fase I y fase II en ambas formas demuestra que no se trata de categorías fijas, sino de mecanismos enunciativos que dependen de su interacción con otros elementos del discurso. De este modo, el imperfecto y el futuro no solo participan de un mismo sistema, sino que su funcionamiento conjunto permite explicar la organización del enunciado en términos de intencionalidad y estructuración informativa.

El imperfecto y el futuro como operadores de proyección de la intencionalidad en español / Musto, S.. - (2025). (La teoría metaoperacional para enteneder el funcionamiento de las lenguas: homenaje a Henri ADAMCZEWSKI en ocasión del vigésimo aniversario de su muerte Ecole Jeannine Manuel Parigi 14-15 novembre 2025).

El imperfecto y el futuro como operadores de proyección de la intencionalidad en español.

Salvatore Musto
2025

Abstract

La propuesta aborda la relación enunciativa entre el imperfecto y el futuro que permite explicar su funcionamiento no como formas aisladas dentro del sistema verbal, sino como operadores interdependientes cuya interacción responde a un principio de estructuración discursiva. Se plantea que la diferencia entre estas dos formas no se establece simplemente en términos de proyección, sino en su comportamiento dentro del continuum de fase I y fase II, donde el imperfecto opera como una fase II dentro de una fase I, mientras que el futuro se configura como una fase I que se aproxima por su virtualidad a una fase II. La clave de esta relación radica en el hecho de que el imperfecto tematiza, introduciendo una información en relación con el enunciado previo, mientras que el futuro proyecta una aserción enunciativa sin cerrar su integración en el discurso, estableciendo así una conexión estructural con el subjuntivo. Desde esta perspectiva, la relación entre estas formas no es circunstancial, sino que responde a una continuidad enunciativa que sigue operando en el sistema del español y que puede rastrearse en su configuración en latín, donde ambas formas derivaban de estructuras que ya marcaban la relación del enunciador con la información enunciada. En latín, el imperfecto y el futuro de la primera y segunda conjugación compartían el sufijo -B- (amabam/amabo), lo que indica que ambas formas no surgieron de manera independiente, sino que respondían a un mismo principio enunciativo, basado en la presentación de una información no cerrada. Esta relación estructural demuestra que el imperfecto era una forma que ya en latín reflejaba un mecanismo de tematización y construcción discursiva. Su funcionamiento en español confirma este rasgo, ya que se comporta como un dato en relación, es decir, una información que se vincula con algo anterior (fase II) y que, al ser retomada en la enunciación, es presentada como nueva (fase I). Por otro lado, en la tercera y cuarta conjugación, el futuro se expresaba mediante una flexión subjuntiva (audiam, capiam), lo que confirma su vínculo con una estructura que no introducía un hecho cerrado, sino una información abierta y relacional, alineada con los valores que mantiene en español. Esto explica que, si bien el futuro es un operador de fase I, al ser virtual adopta características que lo acercan a los operadores de fase II como el subjuntivo, generando una estructura enunciativa que no depende únicamente de la proyección de un hecho, sino de su integración dentro de un marco de interdependencia discursiva. Sin embargo, a diferencia del imperfecto, el futuro se comporta como un dato autónomo, ya que no depende de un algo previo, sino que introduce la información como nueva, sin necesidad de vincularla con un elemento anterior. La evolución hacia las lenguas romances transformó el sistema, incorporando formas perifrásticas para el futuro y el condicional, pero en español se conserva la doble función del imperfecto como operador de tematización y del futuro como proyección no cerrada. Además, a diferencia de las lenguas germánicas, que desarrollaron estrategias modales con auxiliares para el futuro y para el condicional, las lenguas romances conservaron una estructura morfológica en la que la intencionalidad del enunciador quedó marcada dentro de la propia conjugación verbal. Este rasgo es esencial para comprender por qué en español el imperfecto se encuentra entre la fase I y la fase II y por qué el futuro de fase I mantiene una relación con el subjuntivo que es de fase II, ya que ambas formas responden a un mismo principio de organización enunciativa. La permanencia del imperfecto en español no es solo una cuestión morfológica, sino la manifestación de una memoria enunciativa que sigue activa en la organización del discurso, asegurando que la lengua española mantenga un sistema en el que la intencionalidad del enunciador sigue siendo un factor estructurante de la enunciación. La ubicación entre fase I y fase II en ambas formas demuestra que no se trata de categorías fijas, sino de mecanismos enunciativos que dependen de su interacción con otros elementos del discurso. De este modo, el imperfecto y el futuro no solo participan de un mismo sistema, sino que su funcionamiento conjunto permite explicar la organización del enunciado en términos de intencionalidad y estructuración informativa.
2025
El imperfecto y el futuro como operadores de proyección de la intencionalidad en español / Musto, S.. - (2025). (La teoría metaoperacional para enteneder el funcionamiento de las lenguas: homenaje a Henri ADAMCZEWSKI en ocasión del vigésimo aniversario de su muerte Ecole Jeannine Manuel Parigi 14-15 novembre 2025).
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Utilizza questo identificativo per citare o creare un link a questo documento: https://hdl.handle.net/11588/1056000
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